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Posts Tagged ‘Espiritualidad’

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Este año el tema de nuestros talleres de Ejercicios Espirituales tiene que ver con la Ecología, con lo que el Papa en Laudato si llama “Espiritualidad ecológica” (LS 202 ss.).

Hablando a los movimientos populares en Bolivia, recuerdo que el Papa tomaba como punto común de partida, más allá de las ideas de cada grupo, la conciencia común de todos los hombres de que “tenemos que cambiar”. El modo como estamos tratando a nuestro planeta -nuestra madre tierra, nuestra Querida Amazonia…- no va más. “Muchas cosas tienen que reorientar su rumbo pero ante todo la humanidad necesita cambiar. (Y para un cambio tan grande) Hace falta la conciencia de un origen común, de una pertenencia humana mutua y de un futuro compartido por todos” (LS 202).

Madurar en la requiere una educación particular, porque incluye, en la contemplación, el conocimiento que dan las ciencias y el amor en el paso a la realización social, económica y política. Dice el Papa:

“Aprendiendo de los pueblos originarios podemos contemplar la Amazonia y no sólo analizarla, para reconocer ese misterio precioso que nos supera. Podemos amarla y no sólo utilizarla, para que el amor despierte un interés hondo y sincero. Es más, podemos sentirnos íntimamente unidos a ella y no sólo defenderla, y entonces la Amazonia se volverá nuestra como una madre. Porque «el mundo no se contempla desde fuera sino desde dentro, reconociendo los lazos con los que el Padre nos ha unido a todos los seres[1]» (QA 55).

Aquí es donde una concepción de la fe como algo “espiritualista” y “privado” y la concepción de la ecología y la economía como algo meramente “técnico” deben cambiar.

No es fácil tratar de integrar estos ámbitos en los que vivimos como si fueran compartimientos estancos. Entramos en el terreno de las distintas interpretaciones sobre calentamiento climático, modelos económicos, ideas políticas… y lo hacemos en el mundo de la post-verdad, en el que pareciera que no hay hechos que tengan el consenso de todos. Pues bien, es aquí precisamente donde una ecología integral puede ayudar, ya que más allá de las opiniones sobre las causas de los desastres climáticos que vivimos y de las diferentes propuestas de solución, la conciencia de que hay cosas concretas que no van es común. Los niños nos lo dicen!

Ver una costa de océano llena de botellas de plástico, no va.

Ver la Amazonia o Australia en llamas, no va.

Ver millones de personas viviendo en tiendas en campos de refugiados, no va.

Ver centrales nucleares como Chernobyl que seguirán generando radiactividad que destruye nuestras células durante cientos de años, no va.

Intentar bloquear virus como el Coronavirus con medidas solo nacionales, no va. Los virus nos ven como “organismos posibles de infectar”, no como naciones o culturas.

Hablando de virus, lo que no va más es un tipo de comportamiento humano que es “contaminante” y que bien podemos llamar “virósico” (virus en latín significa “veneno”). En la definición del comportamiento de los virus se dice que son partículas acelulares (son un código genético, ácidos nucleicos rodeados de proteínas), que solo pueden multiplicarse dentro de células de otrosorganismos, es decir a expensas de las células que invaden, a las que destruyen para luego contagiarse a otras. Díganme si no se puede llamar “virósico” el comportamiento de los capitales financieros descontrolados y de las empresas que deforestan, como fue el caso de La Forestal, que desertificó el norte santafecino y sur del Chaco (2 millones de hectáreas), antes de mudarse al África a sacar el tanino del árbol de Mimosa, luego de haber talado el 86% de nuestros bosques de quebracho (cfr.https://www.elcohetealaluna.com/la-forestal-y-el-espejo-de-africa/. Solo en 1916, según su propio balance, la empresa pagó 300.000 pesos en concepto de impuestos a la provincia y 9.000 millones de pesos a la Corona británica (el dólar estaba a dos pesos).   El ejemplo es para hacer sentir en “la corteza propia” que hay comportamientos que no van más y que hay que expandir esta conciencia común, cuidarla, cultivarla, explicitarla, para que los ataques que la fragmentan aprovechándose de nuestras diferencias, no le hagan mella. Somos seres humanos, no virus!

Una imagen positiva de esta ecología integral lo tenemos en san Francisco de Asís: “Creo -dice el Papa- que Francisco es el ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad” (LS 10). Francisco “‘Lleno de la mayor ternura al considerar el origen común de todas las cosas, daba a todas las creaturas, por más despreciables que parecieran, el dulce nombre de hermanas’. Esta convicción no puede ser despreciada como un romanticismo irracional, porque tiene consecuencias en las opciones concretas que determinan nuestro comportamiento personal y social. Es una convicción que implica algo radical: una renuncia a convertir la realidad en mero objeto de uso y de dominio” (LS 11).

Los Ejercicios, con su estructura y su ritmo, dan a cada dimensión y a cada paso de nuestra vida el tiempo de contemplación, de discernimiento y decisión que requieren para madurar bien, por eso pueden ayudarnos a educar esta conciencia básica que integra el cuidado del planeta, el cuidado de las personas -de los más pobres y de cada uno, en su corporalidad y espiritualidad-, y la relación con la dimensión trascendente: con las futuras generaciones y con el Creador.

MOMENTO PARA REFLEXIONAR

Percibir a cada criatura cantando el himno de su existencia

Diego Fares sj

San Ignacio, en su Principio y fundamento comienza así: «El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor. Y las otras cosas sobre la haz de la tierra son creadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para que es creado (EE 23).

La contemplación de nuestra creaturalidad, por tanto, nos lleva a alabar y adorar al Creador, a servir al prójimo y a usar con respeto y sobriedad a las demás creaturas. Es clave el concepto de “ayuda” en Ignacio. Él definía toda su misión con una frase: “ayudar a las almas”. Ayudar a todo el que lo desea a buscar y encontrar la voluntad de Dios en su vida. Por eso, cuando dice que las demás creaturas tienen como fin “ayudarnos” está hablando de una misión alta. Cada uno ayuda según su ser y sus posibilidades, no obligado ni a costa de la propia destrucción.

La unión de estos tres ámbitos, el sagrado, el social y el ecológico, nos dan una visión integral de la creación que supera por todos lados la visión del paradigma tecno-económico y tecno-crático actual (que se nos contagia como un virus enfermando nuestra manera de ver la realidad). El paradigma tecno-económico y tecno-crático considera que la “ayuda” que le deben prestar las cosas es una ayuda incondicional y absoluta: todo lo que no sea “Yo” es objeto de consumo y descarte. Y esto se extiende al propio cuerpo, que se convierte en “cosa”. Solo existen “libertades absolutas y aisladas” como última instancia, que reclaman el hacer lo que quieran con su propio cuerpo, dinero, tiempo, vida y propiedades. Las limitaciones que se aceptan -cada uno acepta algunos límites de acuerdo al contexto en que vive- son aceptadas al modo como los virus tienen que aceptar los condicionamientos de la célula en la que parasitariamente viven: se aceptan mientras no se puedan transgredir para beneficio propio exclusivo.

Estos paradigmas, que tienen en común la “técnica” con su supuesta neutralidad y anonimato, no tienen credos ni dogmas, no se preocupan por cómo “es” la realidad, sino solo de cómo funcionan las cosas. Con esta mentalidad pragmática corroen toda idea que quiera ser común y unir las voluntades bajo el pretexto de que son ideas filosóficas o religiosas.

Frente a esta mentalidad, resulta difícil encontrar palabras “positivas” que todos puedan compartir, dado que la práctica siempre es cambiante en cada lugar. Pero aunque sean pocas, estas “palabras” (que son más bien narraciones que “ideas abstractas”) son sugerentes y poderosas.

Una de estas palabras positivas, que pueden ayudar a unir es “desborde”. El Papa Francisco la usó en el Sínodo del Amazonia cuando hizo ver que “hay conflictos (como el que se da en el Amazonia) que no se resuelven por “disciplina”, sino por “desborde”. Puso como ejemplo dos “desbordes” que usó Dios para resolver grandes conflictos. Uno fue el conflicto del pecado. Dios no le resolvió dando más mandamientos ni con castigos (disciplina), sino con un desborde de Misericordia. Envió a Jesús a dar Él su vida salvarnos y perdonarnos los pecados. El otro conflicto fue el que se le armó a la Iglesia al incorporar personas de costumbres paganas. No se resolvió el conflicto con medidas disciplinares, sino reduciendo al mínimo las obligaciones y dando tiempo a cada comunidad a que organizara sus propios ritos y costumbres. La Iglesia puso su empeño en salir misioneramente a los otros pueblos y no se bloqueó en discusiones disciplinarias.

Este paradigma de un “desborde de Misericordia” supera los paradigmas funcionalistas (técnicos) y los paradigmas esencialistas (dogmáticos), poniendo a todos en camino y centrando la vida en Dios y no en nosotros mismos.

“Creación” es más que naturaleza

La “frase motiva” del Papa -«hay conflictos que se resuelven por desborde interior y no por disciplina exterior”- nos lleva a contemplar el universo -nuestra madre tierra, el Amazonia y cada pueblo, provincia, barrio y casa- como “creación”, lo cual es algo más que lo que expresa el concepto de naturaleza. La creación es fruto de un desborde de amor de Dios, no fruto de un plan puesto en marcha con medios técnicos (sea que los haya ideado una Persona, sea que se den por azar, mecánicamente). Dice Laudato si: «Para la tradición judío-cristiana, decir ‹creación› es más que decir naturaleza, porque tiene que ver con un proyecto del amor de Dios donde cada criatura tiene un valor y un significado. La naturaleza suele entenderse como un sistema que se analiza, comprende y gestiona, pero la creación sólo puede ser entendida como un don que surge de la mano abierta del Padre de todos, como una realidad iluminada por el amor que nos convoca a una comunión universal.  (LS 76)

“Creación” habla de un proyecto de amor sin envidia

En otro hermosísimo texto el Papa define la creación usando las palabras de san Basilio Magno que hablan de “la bondad sin envidia” de nuestro Creador. No hay envidia en la naturaleza. La envidia viene de un espíritu puro, del Demonio (por la envidia del diablo entró la muerte en el mundo [Sab 2, 24]) y se contagia en estos paradigmas que podemos definir como “envidiosos” en el sentido en que un “virus” envidia a las células que infecta.

Dice Laudato si: « Por la palabra del Señor fueron hechos los cielos » (Sal 33,6). Así se nos indica que el mundo procedió de una decisión, no del caos o la casualidad, lo cual lo enaltece todavía más. Hay una opción libre expresada en la palabra creadora. El universo no surgió como resultado de una omnipotencia arbitraria, de una demostración de fuerza o de un deseo de auto-afirmación. La creación es del orden del amor. El amor de Dios es el móvil fundamental de todo lo creado: «Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que hiciste, porque, si algo odiaras, no lo habrías creado » (Sb 11, 24). Entonces, cada criatura es objeto de la ternura del Padre, que le da un lugar en el mundo. Hasta la vida efímera del ser más insignificante es objeto de su amor y, en esos pocos segundos de existencia, él lo rodea con su cariño. Decía san Basilio Magno que el Creador es también ‹la bondad sin envidia› , y Dante Alighieri hablaba del ‹amor que mueve el sol y las estrellas›. Por eso, de las obras creadas se asciende « hasta su misericordia amorosa » (LS 77).

Una expresión concreta y privilegiada de este “desborde de misericordia y de amor sin envidia” que es la Creación entera y la vida de cada creatura, la encontramos en los sacramentos de la Iglesia. Los sacramentos son “desborde de amor y misericordia” y son “sin envidia”. Dice el Papa en Querida Amazonia: “Dentro de lo creado, tienen un lugar especial los sacramentos. «La inculturación de la espiritualidad cristiana en las culturas de los pueblos originarios tiene en los sacramentos un camino de especial valor, porque en ellos se une lo divino y lo cósmico, la gracia y la creación. En la Amazonia no deberían entenderse como una separación con respecto a lo creado. Ellos «son un modo privilegiado de cómo la naturaleza es asumida por Dios y se convierte en mediación de la vida sobrenatural[2]». Son una plenificación de lo creado, donde la naturaleza es elevada para que sea lugar e instrumento de la gracia, para «abrazar el mundo en un nivel distinto[3]» (QA 81).

Los Obispos de Japón, por su parte, dijeron algo muy sugestivo: « Percibir a cada criatura cantando el himno de su existencia es vivir gozosamente en el amor de Dios y en la esperanza ». Esta contemplación de lo creado nos permite descubrir a través de cada cosa alguna enseñanza que Dios nos quiere transmitir, porque «para el creyente contemplar lo creado es también escuchar un mensaje, oír una voz paradójica y silenciosa » (QA 85).

Es muy linda la imagen de Dios que se manifiesta a Elías en la montaña, como una «brisa ligera«. La expresión es un rompecabezas exegético por lo difícil de traducir: en hebreo conjuga simultáneamente el concepto de sonido y el de silencio. Al Papa le gusta la traducción que dice que Dios habló en “el hilo de un silencio sonoro”.

Podemos decir que, «junto a la Revelación propiamente dicha, contenida en la sagrada Escritura, se da una manifestación divina cuando brilla el sol y cuando cae la noche». Prestando atención a esa manifestación, el ser humano aprende a reconocerse a sí mismo en la relación con las demás criaturas: «Yo me autoexpreso al expresar el mundo; yo exploro mi propia sacralidad al intentar descifrar la del mundo[4] » (Ls 85).

Ser creatura es tener padre

Ahora bien, si contemplamos “la no envidia” de la naturaleza (que cuida un planeta como el nuestro, privilegiado por la vida, sin destruirlo, como podría suceder si fueran envidiosos como dioses griegos los otros planetas, el sol y las estrellas), y consideramos que no es fruto de una mera “mecánica” sino que por todos lados se desborda su belleza y su vitalidad, no podemos no pensar en el misterio de su Creador.

Dice el Papa: «Las criaturas de este mundo no pueden ser consideradas un bien sin dueño: ‘Son tuyas, Señor, que amas la vida’ (Sb 11,26). Esto provoca la convicción de que, siendo creados por el mismo Padre, todos los seres del universo estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de familia universal, una sublime comunión que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde. Quiero recordar que « Dios nos ha unido tan estrechamente al mundo que nos rodea, que la desertificación del suelo es como una enfermedad para cada uno, y podemos lamentar la extinción de una especie como si fuera una mutilación » (LS 89)

Dios Padre único dueño del mundo

“No podemos sostener una espiritualidad que olvide al Dios todopoderoso y creador. De ese modo, terminaríamos adorando otros poderes del mundo, o nos colocaríamos en el lugar del Señor, hasta pretender pisotear la realidad creada por él sin conocer límites. La mejor manera de poner en su lugar al ser humano, y de acabar con su pretensión de ser un dominador absoluto de la tierra, es volver a proponer la figura de un Padre creador y único dueño del mundo, porque de otro modo el ser humano tenderá siempre a querer imponer a la realidad sus propias leyes e intereses (LS 75).

Mirada de Jesús

“Jesús asume la fe bíblica en el Dios creador y destaca un dato fundamental: Dios es Padre (cf. Mt 11,25). En los diálogos con sus discípulos, Jesús los invitaba a reconocer la relación paterna que Dios tiene con todas las criaturas, y les recordaba con una conmovedora ternura cómo cada una de ellas es importante a sus ojos” (LS 96).

“En una realidad cultural como la Amazonia, por ejemplo, donde existe una relación tan estrecha del ser humano con la naturaleza, la existencia cotidiana es siempre cósmica. Liberar a los demás de sus esclavitudes implica ciertamente cuidar su ambiente y defenderlo, pero todavía más ayudar al corazón del hombre a abrirse confiadamente a aquel Dios que, no sólo ha creado todo lo que existe, sino que también se nos ha dado a sí mismo en Jesucristo. El Señor, que primero cuida de nosotros, nos enseña a cuidar de nuestros hermanos y hermanas, y del ambiente que cada día Él nos regala. Esta es la primera ecología que necesitamos” (QA 41).

“Todo está conectado”: una mirada que ayuda a la conversión ecológica

Lo de que «todo está conectado[5]» vale especialmente para un territorio como la Amazonia” (QA 42). “En la Amazonia se comprenden mejor las palabras de Benedicto XVI cuando decía que «además de la ecología de la naturaleza hay una ecología que podemos llamar “humana”, y que a su vez requiere una “ecología social”». Pero es el mundo entero el que no puede ser analizado sólo aislando uno de sus aspectos, porque «el libro de la naturaleza es uno e indivisible», e incluye el ambiente, la vida, la sexualidad, la familia, las relaciones sociales, etc. Por consiguiente, «la degradación de la naturaleza está estrechamente unida a la cultura que modela la convivencia humana» (Caritas in veritate 51).

Las heridas del mundo actual se deben en el fondo al mismo mal, es decir, a la idea de que no existen verdades indiscutibles que guíen nuestras vidas, por lo cual la libertad humana no tiene límites. Se olvida que el hombre no es solamente una libertad que él se crea por sí solo. El hombre no se crea a sí mismo. Es espíritu y voluntad, pero también naturaleza. La creación se ve perjudicada donde nosotros mismos somos las últimas instancias, donde el conjunto es simplemente una propiedad nuestra y el consumo es sólo para nosotros mismos. El derroche de la creación comienza donde no reconocemos ya ninguna instancia por encima de nosotros, sino que sólo nos vemos a nosotros mismos (cfr. LS 6).

Cómo no luchar por la creación

“A todos los cristianos

nos une la fe en Dios, el Padre que nos da la vida y nos ama tanto.

Nos une la fe en Jesucristo, el único Redentor, que nos liberó con su bendita sangre y con su resurrección gloriosa.

Nos une el deseo de su Palabra que guía nuestros pasos.

Nos une el fuego del Espíritu que nos impulsa a la misión.

Nos une el mandamiento nuevo que Jesús nos dejó, la búsqueda de una civilización del amor, la pasión por el Reino que el Señor nos llama a construir con Él.

Nos une la lucha por la paz y la justicia.

Nos une la convicción de que no todo se termina en esta vida, sino que estamos llamados a la fiesta celestial donde Dios secará todas las lágrimas y recogerá lo que hicimos por los que sufren» (QA 109)…

“Todo esto nos une. ¿Cómo no luchar juntos? ¿Cómo no orar juntos y trabajar codo a codo para defender a los pobres, para mostrar el rostro santo del Señor y para cuidar su obra creadora? (QA 110)

MOMENTO PARA CONTEMPLAR

Hna Marta Irigoy

Comenzamos un nuevo ciclo de nuestros talleres que en este año, se cimentaran fuertemente en las palabras del Papa Francisco, de Laudato Si y Querida Amazonía.

En este momento para contemplar, lo haremos desde el texto del P. Diego y el Principio y Fundamento que San Ignacio propone en el Libro de los EE.

El P. Diego, citaba más arriba, las hermosas palabras de los Obispos de Japón:

« Percibir a cada criatura cantando el himno de su existencia

es vivir gozosamente en el amor de Dios y en la esperanza ».

Y estas palabras, nos ponen en sintonía con el Principio y Fundamento que nos invita a vivir nuestra vida sabiéndonos creaturas amadas del Padre, alabando  -“cantando el himno de la existencia”- ysirviendo –“viviendo gozosamente en el Amor de Dios y la Esperanza”…

Porque de eso se trata nuestra vida:

Vivir en la plena certeza de sabernos creados amorosamente…cantando con nuestra vida el propio himno de nuestra existencia que único, al mejor  estilo de Nuestra Madre que se dejó mirar en su Pequeñez por la Bondad de Dios e hizo de este canto el modelo de ser discípulos, que nos ayuda a:

  • Mirar la propia vida y lo que Dios hizo y hace en nosotros
  • Mirar la realidad que nos rodea (la cercana y la global)
  • Y vivir con la certeza de que no hay nada imposible para Dios (esta fue la promesa del Ángel Gabriel en la Anunciación…)

Por eso, la invitación para este rato, será recorrer tu vida y encontrar aquellos momentos en donde experimentaste tu vida como un Canto de Alabanza…

Puedes, tomar el texto del Magnificat, en  Lc 1, 46-55

«Mi alma canta la grandeza del Señor,

y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi salvador,

porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora.

En adelante todas las generaciones me llamarán feliz,

porque el Todopoderoso he hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo!

Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen.

Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.

Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes.

Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías.

Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre».

Y si te animas,  en esta Cuaresma puedes escribir tu propio canto (himno) de tu existencia que fue soñada, creada, amada y cuidada por Dios…

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[1] LS 220.

[2] Carta enc. Laudato si’ (24 mayo 2015), 235.

[3] Ibíd.

[4] P. RICOEUR, Philosophie de la volonté II. Finitude et culpabilité, Paris 2009, 2016 (ed. esp.: Finitud y culpabilidad, Madrid

1967, 249).

[5] Carta enc. Laudato si’ (24 mayo 2015), 16, 91, 117, 138, 240.

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 MOMENTO DE REFLEXIÓN

Diego Fares sj

Recapitular todas las cosas en Cristo (Ef 1, 9)

Bienaventurados los que, como Pablo, creen que Dios tiene un proyecto sobre cada persona. Tratarán cada día de adherirse a Él de corazón, darán gracias por todo, serán humildes y tendrán paz .

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En los talleres de este año ─ que es año paulino ─ vamos a acercar a Pablo y a Ignacio de manera contemplativa. Con esto quiero decir que procederemos más por intuición de corazón que por estudios y razonamientos. Buscaremos las “síntesis de Pablo y de Ignacio”, esas frases proverbiales que se graban en la memoria y en el corazón. Hoy, por ejemplo, acercamos la primer “bienaventuranza de Pablo” y la unimos al Principio y Fundamento de San Ignacio. ¿Cuál es la intuición honda de ambos con respecto al fin del hombre? Que ambos creen en que Dios tiene un plan de salvación, que este plan está centrado en Jesucristo y que adherirse a él ─ comulgar con el plan de Dios, considerando que el momento presente es un sacramento ─ trae alegría y paz.

Plan de Dios en Pablo

Leamos con atención el texto que nos ilumina con una luz esplendente y nos revela el secreto del Plan de Dios:
“Bendito sera el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo (…) que nos ha dado a conocer el Misterio de su voluntad según el benévolo designio que en él se propuso de antemano, para realizarlo en la plenitud de los tiempos: recapitular todas las cosas en Cristo, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra” (Ef 1, 9-10).
Es un texto hermosísimo. Fijémonos cómo Pablo comienza bendiciendo al Dios y Padre de Jesús. Lo bendice porque nos ha querido dar a conocer su deseo más íntimo, fruto del “benévolo designio” como lo llama Pablo, que el Padre tuvo desde siempre y que lo viene a revelar en la plenitud de los tiempos. ¿Cuál es este plan benévolo? ¿Qué es lo que quiere Dios en el fondo de su corazón? Pablo lo expresa así: Lo que el Padre quiere es “recapitular todo en Cristo”. Conocer interiormente esta Verdad que es Palabra viva es conocer el secreto de la vida, el secreto de cada cosa, de cada acontecimiento, de cada corazón. Cuando uno se pregunta ¿qué querrá Dios de mí, o de tal persona, qué querrá hacer con tal situación…? “Hacer que tenga a Jesús por Cabez”, “recapitularla en Cristo” es la respuesta segura. Entonces la pregunta será la de María. ¿Y cómo será posible esto, si…”. Si en la oración pedimos al Espíritu que nos haga ver cómo se manejaba el Señor en una situación así. La primera gracia es creer que el Señor ya “recapituló”, ya asumió toda situación humana, comulgando con nuestras alegría y penas… y por eso podemos encontrar en el evangelio alguna escena que venga a iluminar lo que nos pasa. Preguntar por el cómo es preguntar a Jesús qué sentimientos tenía en esos casos, qué criterios aplicaba, cómo le pedía o le agradecía al Padre, cómo acogía o despedía a la gente, a qué cosas consideraba esenciales y a cuáles secundarias, cómo entraba en diálogo con la gente y con las situaciones… Si obramos así tendremos la luz del Evangelio, la escena, la palabra, la actitud justa de Jesús para asumir y perfeccionar la situación que nos toca vivir de acuerdo a la Voluntad del Padre. “Hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza”, es hacer que cada cosa, cada acontecimiento, cada persona, se deje conducir por la Voz del Buen Pastor, siga las enseñanzas del Maestro, se comporte según sus criterios evangélicos, imite sus gestos de amor y de bondad, lo siga por el camino que lleva a dar la vida en servicio de los demás. Ese es el plan que alegra los ojos del Padre cuando mira la creación y la ve transfigurada por la cercanía con su Hijo amado, obediente a su voz, alegre en su seguimiento, moldeada según su figura.
Pablo descubre en Jesús la clave del Plan del Padre y se enamora de Él con un amor de fidelidad a toda prueba.

Quién es el Jesús que Pablo ama

Para Pablo Jesús es “Imagen de Dios invisible, Primogénito de toda la creación. Y también la Cabeza del Cuerpo, de la Iglesia: El es el Principio, el Primogénito de entre los muertos, para que sea él el primero en todo” (Col 1, 15 ss).
Es decir que Jesús está al principio ─ todas las cosas fueron creadas en Él y por Él ─ y estará al final ─ todas las cosas son para Él─. Y no sólo eso, sino que en el medio, en el presente, “todo tiene en Jesús su consistencia y su plenitud”, porque “Dios tuvo a bien hacer residir en él toda la Plenitud”. Todo lo bueno encuentra en Jesús su perfección. Y por si fuera poco, el Señor también repara lo malo: Dios quizo “reconciliar por él y para él todas las cosas, pacificando, mediante la sangre de su cruz, lo que hay en la tierra y en los cielos” (Col 1, 19 ss).
Al ver a Jesús con los ojos de Pablo nos damos cuenta por qué siente que “para él la vida es Cristo”, por qué considera que “todo es pérdida con tal de ganar a Cristo”. En Jesús Pablo encuentra todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia y teniéndolo a Él no necesita nada más. “No quiere saber sino a Cristo y a éste crucificado”. Teniendo a Jesús por amigo Pablo siente que “su debilidad es su fuerza”: “Todo lo puede en Aquel que lo conforta”. Y si no tiene la “caridad” que para Pablo es Cristo ─ ese Cristo de Corintios 13: “Un Jesús paciente, un Jesús servicial, un Jesús que no busca su interés ni se irrita, un Jesús que todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta de nosotros, sus amadas ovejas ─ si no tiene el amor que es Cristo Resucitado, Pablo considera que no tiene nada, que es digno de lástima. Si Cristo no ha resucitado somos “los más dignos de compasión” de todos los hombres (1 Cor 15, 17).
Este Jesús es para Pablo Alguien con quien él vive en íntima comunión: “con Cristo estoy crucificado: y no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí; la vida que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gal 2, 19, 20).
Pablo comulga con Cristo en toda situación, comulga con su pasión y con su resurrección. Por eso se alegra incluso en las tribulaciones, porque todo lo que le acontece lo lleva a comulgar más hondamente con el que comulgó con nuestra naturaleza humana.
Su adhesión a Jesús como centro del plan de salvación de Dios lo hace confiar en que Dios conduce toda para el bien:
“Sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman; de aquellos que han sido llamados según su designio” (Rm 8, 28).
De aquí que encuentre siempre la manera de practicar la caridad con humildad y en paz. Como dice en la carta a los Romanos:
“Bendigan a los que los persiguen, no maldigan. Alégrense con los que se alegran; lloren con los que lloran. Tengan un mismo sentir los unos para con los otros; sin complacerse en la altivez; atraídos más bien por lo humilde; no se complazcan en su propia sabiduria. Sin devolver a nadie mal por mal; procurando el bien ante todos los hobres: en lo posible, y en cuanto de ustedes dependa, en paz con todos los hombres; no tomando la justicia por cuenta propia. Antes al contrario: si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber; haciéndolo así, amontonarás ascuas sobre su cabeza. No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien” (Rm 12, 14 ss.).

El amor sin condiciones que siente Pablo por parte de Jesús se convierte en él en un amor sin condiciones para con los demás. Pablo siente que Dios quiere salvar a todos en Cristo y por eso se entrega sin medida a todos, para ganar a los que más pueda:
“Me he hecho débil con los débiles para ganar a los débiles. Me he hecho todo a todos para salvar a toda costa a algunos” (1ª Cor 9, 19 ss.).
Pablo valora la amistad incondicional y sufre por las traiciones y los abandonos. Sin embargo sabe dar gracias por todo y gloriarse aún en medio de las tribulaciones y persecuciones, sin tomar en cuenta el mal y valorando el bien. Su actitud ante la vida es Eucarística: dar gracias por todo.
“Reciten entre ustedes salmos, himnos y cánticos inspirados; canten y salmodien en su corazón al Señor, dando gracias continuamente y por todo a Dios Padre, en nombre de nuestro Señor Jesucristo” (Ef 5, 19-20).
De esta acción de gracias brota “la paz de Dios que supera todo conocimiento, custodiará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.” (Fil 4, 6-7).

Plan de Dios en Ignacio

Ignacio nos da los Ejercicios Espirituales para ayudarnos a encontrar la voluntad de Dios en nuestra vida. El centro de la espiritualidad de Ignacio no radica tanto en “ver a Dios en la otra vida” sino en “encontrar mi puesto de batalla –de contemplación y de acción- en esta vida. Ignacio cree que se puede buscar y hallar la voluntad del Padre en cada momento de la vida mediante el conocimiento interno de la Vida de Jesús y mediante su seguimiento. Los Ejercicios bien podrían definirse como un camino para recapitular la propia vida en Cristo. Reformando lo deformado por el pecado, configurando nuestra vida con Cristo –vistiéndonos de su vestidura de pobreza y de humillaciones-, confirmando lo que elegimos para seguir al Señor pasándolo por la pasión y dejando que él nos transfigure con el consuelo y la paz de su resurrección.
En el Principio y Fundamento Ignacio nos describe lo que es un hombre libre, guiado e impulsado sólo por la voluntad amorosa de Dios. Conocer internamente a Jesús es igual a entusiasmarse con el Plan de Salvación del Padre, porque en Jesús todo es posible.

Quién es el Jesús al que Ignacio ama

Es clave para Ignacio, como para Pablo, tener claro que la Persona de Jesucristo es el corazón del Plan de Dios, hacia el que todo está orientado. Ignacio lo expresa diciendo que “el hombre es creado para… Jesucristo” (cuando Ignacio dice “Dios nuestro Señor, siempre se refiere a Jesucristo).
El amor a ese Jesucristo Ignacio lo expresa mediante actitudes concretas y prácticas:
amar es alabar, amar es hacer reverencia, amar es servir.
La referencia a la persona concreta de Jesucristo y la manera práctica de amarlo a cada instante son claves para que la apertura esencial que tenemos al Fin último no se vea impedida por el ansia instintiva y esclavizante de nuestro amor desordenado a las cosas.
Alabar, obedecer con acatamiento amoroso y servir a Cristo Jesús son actividades que sacian el alma apenas se las pone en práctica. Comulgar con Cristo en cada momento de la vida –considerando el momento presente como un “sacramento”, en el que bajo las apariencias de lo humano en realidad está presente Jesucristo, así como en la Eucaristía, bajo las apariencias del pan y del vino se nos da verdaderamente el cuerpo y la sangre de Cristo, es poner en práctica estas actividades amorosas. Gustando esta comunión espiritual no es difícil elegir “lo que más conduce al amor y a la mayor gloria de Dios” y “dejar lo que no nos ayuda”.
Es que amar es también preferir, amar es estar disponible a dejar de lado lo que no ayuda, amar es querer amar siempre más.
El termómetro del amor se muestra en preferir comulgar con Jesús en toda ocasión y por tanto “hacernos indiferentes” a todo lo creado para elegir con libertad de corazón solo aquello que mejor nos conduce a comulgar con este Amor.
Recapitular todas las cosas en Cristo implica en pirmer lugar “comulgar” con Cristo en todas las cosas, así como él comulgó con nosotros en todas las cosas. Comulgar es asumir en nuestro corazón al otro y lo del otro, asumir todo lo que pasa como algo que está “en las manos del Padre”, aunque no veamos cómo. Una vez que comulgamos –incluyendo todo y sin excluir nada-, vienen las otras actitudes recapituladoras. Algunas cosas se “resumen” en Cristo recibiendo y donando misericordia, otras trabajando creativamente, otras soportando con paciencia y teniendo esperanza…
Dar gracias, alabar, siempre recapitula. Si uno alaba algo bueno al otro o da gracias por lo bueno de una situacíon, uno entra en comunión profunda con esa persona o situación. Obedecer y tener acatamiento amoroso también recapitula. Cuando uno hace las cosas como el otro quiere se gana su voluntad, comulga con su mejor intención.
El servicio también es recapitulador: Cristo recapituló toda su misión salvadora lavando los pies y sirviéndose en la Eucaristía.
El que vive “comulgando con el momento presente” según el plan del Padre, sentirá Amor a Dios en su corazón y será servicial con sus hermanos. Alabará al Padre y le dará gracias por todo, cumplirá su voluntad cada día como Jesús, con reverencia amorosa, y servirá al prójimo con humildad y en paz.

 

MOMENTO DE CONTEMPLACIÓN

Hna Marta Irigoy Misionera Diocesana

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 Felices los que como Pablo saben dar gracias por todo. Serán humildes, vivirán en paz.

 En este día queremos apropiarnos de esta “bienaventuranza” de la gratitud.
Dar gracias por todo, nos hace humildes, por que nos coloca en el lugar de creatura, de pequeñez, de necesidad, y desde está experiencia, podemos vivir en la paz, que solo el Señor nos puede dar. Como un niño en brazos de su madre, así descansa mi alma, en Dios. -Salmo 131-
Sentirse agradecido, es un don. Porque es saber –que nos es un saber intelectual, sino, que es fruto de la contemplación que produce una sabiduría nueva de la vida- que “en Dios, vivimos, nos movemos y existimos”. -Hch.17, 28-

La invitación es “Embellecer el mundo con la gratitud”, como cuenta la hna. Mariola López –RSCJ-

“Me preguntaba una compañera: “¿Por qué crees tu que se produce la multiplicación de los panes?”. Le dije espontáneamente: “por el niño que entregó los pocos que tenía…” Ella me contestó: “Por Jesús que los agradece”. ¡Qué bien dicho! Hay abundancia cuando hay agradecimiento.
Agradecer nuestra vida tan amada en su ambigüedad, agradecer los rostros que llevamos y los que nos cuesta aceptar en su totalidad. Agradecer el trabajo y el descanso, las frustraciones y las alegrías, las perdidas y los frutos…Agradecer el estar vivos para poder ofrecernos…
Sólo cuando somos capaces de agradecer la realidad, sea la que sea, ella nos muestra su secreto y nos regala su bondad. Nos resucita. No se puede estar agradecido y descontento a la vez. Es la gratitud la que embellece al mundo… Y la que nos regala la paz…

PARA LA ORACIÓN PERSONAL

– San Pablo, nos enseña este modo de vivir en permanente gratitud, en varios textos de sus cartas. Elegimos dos que nos pueden ayudar.
– Leamos en silencio, quedémonos “sintiendo y gustando”, la palabra que más nos trae consuelo, luz, paz al corazón…
Recordando que la gratitud es don. Pidámosla con insistencia…

Fil, 4, 6-13:
“No se angustien por nada, y en cualquier circunstancia, recurran a la oración y a la súplica, acompañadas de acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios. Entonces la paz de Dios, que supera todo lo que podemos pensar, tomará bajo su cuidado los corazones y los pensamientos de ustedes en Cristo Jesús. En fin, mis hermanos, todo lo que es verdadero y noble, todo lo que es justo y puro, todo lo que es amable y digno de honra, todo lo que haya de virtuoso y merecedor de alabanza, debe ser el objeto de sus pensamientos. Pongan en práctica lo que han aprendido y recibido, lo que han oído y visto en mí, y el Dios de la paz estará con ustedes. Yo tuve una gran alegría en el Señor cuando vi florecer los buenos sentimientos de ustedes con respecto a mí; ciertamente los tenían, pero les faltaba la ocasión de demostrarlos. No es la necesidad la que me hace hablar, porque he aprendido a hacer frente a cualquier situación. Yo sé vivir tanto en las privaciones como en la abundancia; estoy hecho absolutamente a todo, a la saciedad como al hambre, a tener sobra como a no tener nada. Todo lo puedo en aquel que me conforta”.

-Rom. 8, 28, 36-39
“Sabemos, además, que Dios dispone, todas las cosas para el bien de los que lo aman, de aquellos que él llamó según su designio. ¿Quién podrá entonces separarnos del amor de Cristo? ¿Las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada?.. Pero en todo esto obtenemos una amplia victoria, gracias a aquel que nos amó. Porque tengo la certeza de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.
– Dar gracias siempre lleva a levantar la mirada hacia Dios y hace que el corazón se eleve y alabe al Creador y Señor de la Vida.

– Alabemos nosotros al Señor cantando: Te alabo
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